PUNTO…Y VERGÜENZA
Quien encienda la televisión una madrugada cualquiera se encontrará con un montón de reposiciones de series, cuyos capítulos se repiten de forma tan contumaz que puedes ver el mismo dos días seguidos. Debe ser que los programadores son imbéciles, o incompetentes, o que se ríen de la pobre gente que no puede dormir, aunque lo más probable es que sean las tres cosas a la vez.
Hablo de los contados canales que aún conservan la decencia, porque la mayoría dedican esas horas a ofrecer timos en forma de concursos, videntes y tarotistas.
Pueden denunciarme, si quieren, por decir que son unos estafadores, pero es que son unos estafadores. Y, además, ni “presuntos” ni hostias. Estafadores en toda regla. Eso sí, deben dejar el suficiente dinero a costa de los pobres incautos como para evitar que alguien con un mínimo de vergüenza los cierre a perpetuidad.
De modo que, como iba diciendo, en la televisión nocturna sólo hay mierda y algún programa futbolero, valga la redundancia.
La otra noche, en el descanso de un episodio de “Aquí no hay quien viva”, en el que estaba viendo por tercera o cuarta vez ya la fallida boda de Emilio con la cartera de Desengaño 21, me puse a zappear. Fue un gesto instintivo, lo mismo que podía haber apagado la tele y haberme ido a ese potro de tortura que es mi cama.
Y en esas que di con uno de esos programas que se dicen deportivos, pero que son sólo de fútbol. Y tampoco, porque en realidad sólo hablan del Madrid y del Barça, que es de lo que saben o de lo que ellos dicen que saben.
Curiosamente, oí la palabra “Rácing”, y claro, se me pusieron las orejas tiesas. Estaban hablando (es un decir, porque aquello era un gallinero infumable) de que Cúper tenía las horas contadas y elucubrando sobre quién podría ser su sustituto en caso de que se confirmara la salida del técnico argentino, cosa que terminaría ocurriendo algunos días más tarde.
De pronto, alguien sugirió el nombre de Nando Yosu, un icono del racinguismo que ha dirigido al equipo cántabro en varias ocasiones, todas ellas con éxito. A la rueda del intrépido comentarista saltaron varios más apoyando la idea e, incluso, hubo quien dio por sentado que seguramente esa sería la decisión a tomar por los dirigentes del Rácing.
No los conté, pero habría como siete u ocho tíos participando en el programa. Siete u ocho tíos que pasan por ser algunos de los críticos deportivos más prestigiosos de este país y cuyas informaciones y opiniones son tenidas en cuenta por un amplio rebaño bovino que ni tiene ni, aún peor, quiere otro tipo de periodismo.
Bueno, pues ninguno de ellos fue capaz de darse cuenta del espantoso ridículo que estaban haciendo. En el colmo de la irresponsabilidad, de la desinformación y de la desvergüenza profesional, ignoraban que el pobre Nando Yosu padece una grave enfermedad desde hace más de dos años que le mantiene encerrado en su mundo. Un mundo seguramente feliz, del color verdiblanco de su querido Rácing, pero completamente alejado del que compartimos la mayoría de los humanos.
En Santander quieren y respetan tanto a Nando, de cuya amistad yo me siento tan orgulloso, que nadie dice una palabra de más sobre el asunto. Al poco de conocerse su mal, lo llevaron al estadio para que recibiera el homenaje de su gente. Jamás olvidaré aquella mirada perdida ni su eterna sonrisa. Recientemente, se ha puesto su nombre a las nuevas instalaciones que el club tiene en el barrio de La Albericia.
Aunque por ese respeto a Nando no se hable mucho de lo que le pasa, todo el mundo sabe lo que hay.
Puedo entender que, por esa admirable discrección de mis paisanos, fuera de Cantabria haya muchos aficionados comunes al fútbol que ignoren este drama. Pero lo que no me entra en la cabeza es que estos pseudoprofesionales del amarillismo periodístico se permitan tan penosa metedura de pata colectiva.
lo mejor de todo es que ni siquiera seran capaces de rectificar y admitir su fallo