PRENSA, ARBITROS E INTENTOS DE SUICIDIO
Quienes han seguido más o menos de cerca mi trayectoria profesional saben de la defensa a ultranza, solitaria casi siempre, que he hecho de los árbitros de fútbol.
Fue mi padre quien, desde que empecé a ir con él a los viejos Campos de Sport de El Sardinero, me inculcó ese respeto por la figura y el trabajo de los colegiados, que años después convertí en una de mis luchas como periodista. Aclaro que mi padre no fue árbitro, sino futbolista.
Para intentar calibrar el grado de dificultad de ese oficio, nada mejor que ofrecerse voluntario un día para pitar una pachanga de amiguetes. O si no, ir a ver un partido, colocarse en la primera fila de la grada y no perder un segundo de vista, por ejemplo al juez de línea.
Y no es sólo la tensión con la que tienen que pasarse los noventa minutos para intentar ver lo que muchas veces es inalcanzable para la vista humana, y luego procesarlo y tomar una decisión en décimas de segundo. Es que tienen que hacerlo con unos cuantos bestias detrás que no paran de insultarle, gritarle, amenazarle y escupirle todo el tiempo.
Me pregunto cómo seríamos capaces de desarrollar cada uno nuestro trabajo en estas condiciones, e imagino lo que sería ir a la oficina sabiendo que se duda de antemano de nuestra profesionalidad, expuestos a que nos insultaran a cada equivocación y teniendo la seguridad de que van a intentar engañarnos y hacer lo posible para que nos confundamos, no hagamos bien nuestra labor y luego crucificarnos por ello.
Si un futbolista mete dos goles en un partido, le darán la máxima nota en los periódicos y saldrá como un héroe del campo aunque haya fallado otros dos o tres. Si un árbitro contabiliza un fallo, aunque haya acertado en otras cien decisiones, le suspenderán y quedará como un villano. Porque además, un árbitro no se confunde.Un árbitro roba.
Desde que el periodismo deportivo ha sido tomado al abordaje por los ultras más fanáticos, la situación no ha hecho más que empeorar. Por si no hubiera suficientes descerebrados, ahora ya hay quien se encarga de calentar la cabeza a la masa para que llegue el domingo a los campos dispuesta a formar parte de un espectáculo que tanto me recuerda al circo romano.
El periodista actual ha desertado de su principal obligación, que no es otra que ser responsable con la influencia que ejerce sobre los ciudadanos.
“Que sí, que sí, que lo han dicho en la radio”, ” Es verdad, lo he leído en el periódico”… son expresiones que oímos constantemente y que nos recuerdan la capacidad de los Medios para determinar el criterio de la gente como si fueran borregos que, dicho sea con todo el respeto, es lo que parecen la mayoría. Los Medios lo saben, y lo utilizan.
Hace unos días, un árbitro alemán de primer nivel ha intentado suicidarse cortándose las venas horas antes del partido de la Bundesliga que tenía que dirigir. Este pasado fin de semana, un juez de línea belga ha hecho otro tanto en el mismo vestuario del estadio.
En España no ha ocurrido aún nada parecido, que se sepa, y eso que la presión que sufren los colegiados alemanes y belgas es un juego de niños comparada con la que tienen que sufrir los de aquí.
En 2007, el Marca no soportó que Turienzo Álvarez le pitara dos penaltys en contra al Madrid que le costaron la derrota en Santander, y al día siguiente puso su foto en la portada en el centro de una diana. Igual que hacen los etarras en las paredes de las calles vascas. La hija de Turienzo, de 6 años entonces, regresó del colegio llorando porque sus compañeros decían que su padre era un ladrón.
Pongo este ejemplo, pero podría poner muchos más, porque desde entonces, aunque sin llegar al grado de crueldad y salvajismo de aquel día, los ataques a los árbitros no han parado en este periódico. Ni tampoco las graves acusaciones que casi a diario vierte en su columna el director de As, que piensa que va a pasar a la posteridad por haber inventado el término “villarato” con el que pretende demostrar que los árbitros españoles se equivocan a propósito.
No lo demuestra, porque es mentira, pero él se siente feliz porque se ha hecho popular entre la borregada futbolera la expresión que él ha acuñado, que a fin de cuentas es de lo que se trataba.
Tiene razón Iturralde cuando dice que se está sembrando una semilla de odio hacia la figura de los colegiados que al final desemboca en cosas como lo ocurrido recientemente. Es lo que tiene escribir con la bufanda puesta e invadido por la frustración que supone la derrota del equipo del que eres fanático seguidor.
Hace tiempo que vengo avisando de que ésto va a acabar muy mal. Y también hace tiempo que vengo diciendo que el día que ocurra algo como lo de Alemania y Bélgica, que ocurrirá más pronto que tarde mientras se siga incitando a la violencia desde el periodismo deportivo, los culpables tendrán nombre y apellidos. Y, en algunos casos, barba.
Excelente columna. Excelente. Por quitar hierro al asunto, aún recuerdo los resúmenes de ‘Estudio Estadio’ -años 80- y esos “Campos de Sport de El Sardinero”, con esas columnas en las gradas de gol y fondo, que siempre me preguntaba a quién joderían para ver el fútbol. Lástima de pérdida radiófonica. Hace tiempo te lo dije, ahora que la tecnología lo permite: ábrete una radio en internet. Con dos aunciantes y tu profesionalidad yo te escucharía. Y no sería el único.