LA VISITA DEL PAPA y LOS MISERABLES
Salvo cuando voy en tren, que es el único medio en el que viajo, apenas leo periódicos. La radio casi se me ha olvidado cómo se enciende y la televisión, como es nueva,(la mía, quiero decir) últimamente la pongo un poco más, pero sólo para ver alguna serie de entretenimiento. En no sé qué canal, por cierto, están reponiendo por las tardes “Colombo”, y en no sé cuál otro despachan por las noches episodios viejos de “Aquí no hay quien viva”. De ahí no salgo, más que nada por su salud mental.
Desde el pasado jueves, además, he tenido especial cuidado en no enterarme de nada que tuviera que ver con la visita del Papa, que creo que se marchaba hoy, más que nada para evitar que me hirviera la sangre si daban bola a los hijos de la grandísima puta que se han dedicado a vomitar su miseria humana contra Benedicto XVI y todo lo que rodeara su presencia en España.
Tenemos la costumbre de dividir en dos tipos a los católicos, los practicantes y los no practicantes, en función de algo tan simple como ir o no a misa. Es decir, que si le estás jodiendo la vida al prójimo durante la semana pero el domingo vas a la iglesia eres católico practicante y, en cambio, si de lunes a sábado procuras hacer el bien a los que te rodean y a los que no, pero el domingo no acudes a la misa de las doce, eres católico no practicante. Supongo que son clichés.
Yo no voy a misa desde hace años, por pereza, por dejadez, por falta de hábito y, sobre todo, porque me aburro. De esto último tiene la culpa la Iglesia como institución, que no se ha preocupado de evolucionar ni de hacer interesantes las misas y demás ejercicios religiosos. Vamos, que es un coñazo, y por eso no voy. Alguna vez, por mi cuenta, he entrado en alguna iglesia, pero ni había misa ni era domingo. Se me viene a la cabeza ahora mismo (o quizá es que no me lo quito de ella) un día que acudí a una en Ecully,Lyon (Francia), Dios, yo y otra persona sabemos por qué.
Pero en fin, soy católico y, ahora que lo guay es presumir de no serlo, yo presumo de ello. Nunca me he metido con quien no lo fuera, o con quien profesara otra religión o con quien simplemente crea que después de ésto no hay nada.
Reconozco que con mucha frecuencia tengo dudas, y que incluso en ocasiones he preferido pensar que Dios no existe antes que creer que es un sádico despiadado, que es lo que me parece a veces. Pero soy católico, respeto a los que no lo son y me pongo como un basilisco cuando no me respetan a mí.
Por eso me saca de quicio que un puñado de resentidos, cobardes y con más mierda en la cabeza que un centollo hayan aprovechado la llegada del Papa para sacar a pasear su indecencia. Y me refiero, por supuesto, no a los que les parezca mal esta visita o simplemente se la sude que venga Su Santidad, sino a aquellos que se han dedicado a boicotear los actos,a insultarle, a reírse de él o a morrearse a su paso sólo para provocar, o porque no encuentran otro modo de destacar en la vida que exhibiendo su enanez mental.
Me gustaría saber si estos valientes que atacan de este modo al catolicismo (no creo que sea necesario recordar sucesos como el de la capilla de la Complutense) se atreverían a hacer lo mismo con los musulmanes, o los huevos ya no dan para tanto.
Que han actuado de este modo nada más que por odio lo demuestra la pobreza de sus argumentos. Piden un estado laico pero no van a protestar por la creciente implantación de otras religiones en España. Hablan de lo que cuesta la visita papal en tiempos de crisis económica pero ignoran los cientos de millones de euros que el acontecimiento ha dejado en las depauperadas (por atracadas) arcas del estado, y el beneficio que ha supuesto para todos los sectores del comercio, transporte, servicios, etc.
Tampoco les cuentes la labor que está haciendo la Iglesia en esta crisis, porque seguramente no saben a cuánta gente están ayudando en silencio y sin alardear de ello. Eso sí, de lo que cuestan cosas como por ejemplo el Día del Orgullo Gay…de eso ni palabra.
Por no hablar de la proyección publicitaria en el exterior, con millones de personas viendo la televisión en el mundo entero, cosa que nos va a venir muy bien para ver si conseguimos que cuando entres en una agencia de viajes en el extranjero no pases la vergüenza de que vendan nuestro país como “el paraíso de las drogas, la fiesta y el desfase”.
No he seguido los Medios estos días, como decía, pero he salido a la calle, y aunque vivo en una zona apartada del centro de la ciudad, he visto personas de todos los países disfrutando sanamente, con alegría, conociéndose unos a otros, con ese buen rollo que tanta falta nos hace. Y encima, no se han dedicado a romper escaparates, ni a meterse con nadie.
Al otro lado, aquellos que han convertido en bajeza moral el odio en el que les han educado. Una vez me preguntaron por qué pensaba que se quería abolir la asignatura de religión en nuestros colegios y contesté: Porque identifican la religión con su ideología contraria.Si identificaran con ella las matemáticas o la literatura, pues habrían abolido las matemáticas o la literatura.
Podrás creer o no creer. Incluso, como yo, creer a ratos, pero atacar a una institución nacida hace dos mil años, que aglutina a una amplia parte de la población mundial y que se dedica a hacer el bien salvo las minoritarias excepciones que hay en todo colectivo humano, es de miserables. Y hacerlo sólo porque no aprueban el uso del aborto como instrumento anticonceptivo (que es lo que ya prima) o porque no les parece bien que determinados colectivos se mofen del matrimonio, más todavía.
Hay que hacer el bien, pero no por ser religioso sino porque cuando uno hace el bien el primero a quien beneficia es a el mismo.