MOURINHO,LA PRENSA DEPORTIVA Y EL SER SUPERIOR
Como cualquier caprichoso que se precie, a Florentino Pérez no le gustan las cosas buenas ni las bonitas. Le gustan las caras.
Cuando al nefasto presidente del Real Madrid, para mí el peor y el más fracasado de toda la historia del club, se le ocurrió la idea de fichar a José Mourinho, se encontró con dos problemas: Que Pellegrini lo estaba haciendo bien, y gozaba del afecto del madridismo como profesional y como persona, y que el portugués despertaba todo tipo de reticencias por su pasado azulgrana y su conflictivo carácter.
El primer paso era lavar la imagen de Mourinho, y el segundo iniciar una campaña de desprestigio contra Pellegrini. Para ello, nada mejor que encomendarle el trabajo sucio, y nunca mejor dicho, a la Prensa que él controla.
Tuvo la suerte de que, por entonces, dirigía el diario Marca Eduardo Inda, a quien yo bauticé como Don Pantuflo por su innegable parecido físico con el padre de Zipi y Zape, y que no era más que un ultra madridista recién llegado al periodismo deportivo al que Pedro J. Ramírez premió por los servicios prestados tiempo atrás. Un experto lameculos al que lo mismo le da el sexo oral con Juana que con su hermana y que hoy, felizmente, está relegado a tertulias de segunda en radios de tercera.
Desde ese momento, los ataques a Pellegrini fueron tan salvajes como vergonzosos, en la misma intensidad que empezaron a serlo los elogios desmedidos a Mourinho, del que se llegó a decir que era una gran persona porque retrasó la firma de su contrato con el Madrid un día para asistir a la graduación de su hija. O sea, lo que hubiéramos hecho cualquiera. Fue una labor de meses, para intentar convencer al nada convencido seguidor merengue de que Mourinho era Dios y Pellegrini el demonio.
Para que una mentira sea efectiva basta con repetirla muchas veces, ayudándose en este caso del secuestro de un periódico prestigioso, y que quien la escucha combine la buena fe con las pocas luces.
Dicho y hecho, pocos meses después del criminal y nauseabundo acoso y derribo al que fue sometido el hoy técnico del Málaga, leímos un titular que rezaba “Manolo, estás despedido”. Mourinho, a quien durante todo ese tiempo se le fue labrabrando una imagen de mesías, terminó por llegar a Madrid. Se había cumplido el deseo de Florentino, valiéndose de técnicas más propias del Chicago de los años 20 y de esbirros de aspecto pantuflesco pero de indudable condición alcaponiana.
Ha pasado el tiempo, y como la zorra pierde el rabo antes que las costumbres, tenemos campando por el fútbol español al Mourinho que siempre fue. La Prensa le ha seguido riendo las gracias, dando cobijo y alineándose con las absurdas, bien pensadas y malintencionadas ideas del entrenador luso sobre manos negras, villaratos y demás infamias, con las que ha ido sorteando la auténtica realidad: no ha podido con el Barcelona, que es para lo que vino
Para mayor vergüenza del periodismo deportivo, que considera imbécil a su público, de lo cual se alardea en los despachos, los medios afines (prácticamente todos) todavía han ensalzado a Mourinho porque ¡¡¡ ha conseguido acercarse al Barça!!!
Vaya un mérito .¿Desde cuándo el Madrid considera un éxito acercarse al Barça? Y, como creen que la gente es idiota, nos dicen que Mou ha dado con la tecla, cuando la única tecla con la que ha dado este sujeto está en la cara de Tito Vilanova.
No contento con su discreta aportación futbolística (el que esperase más es que no lo conocía), el actual inquilino del banquillo merengue se ha dedicado a mentir, a difamar a los árbitros españoles y europeos , a sus colegas, a algunos de sus propios pupilos, en fin, a todo Dios. Lo peor, es que ha contagiado su mala baba a jugadores a los que todos admiramos como deportistas y como personas, al punto de que no reconozco a gente como Casillas.
Todo ésto ha servido, por si fuera poco, para enfangar el ambiente entre nuestros internacionales, poniendo en evidente riesgo una armonía indispensable para mantener la unión que nos ha llevado a los éxitos logrados recientemente.
Él, y de nuevo la Prensa, en particular el susodicho ex periódico (hoy panfleto ultra), que se atreve a titular “Que sea la última vez” a la vez que siguen enfrentando a compañeros y amigos de toda la vida, generando violencia entre los aficionados y agarrándose al libertinaje en que han convertido la libertad de expresión.
Y todo, para que esté contento el ser superior y ganar más lectores de esos a los que luego, en los despachos, llaman “borregos a los que hay que dar carnaza”.
solo puedo decir una palabra “PERFECTO”